saca tus vacaciones del armario

Para

UNA NAVIDAD BAJO EL ARCOÍRIS

Miguel Salamanca

8 Diciembre, 2016

 

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17 de diciembre del año 2000. Mi primer día en las Islas Canarias. Enorme “Belén de arena” en la Playa de las Canteras (Las Palmas de GC). Yo en pantalón corto y con una lata helada de cerveza canaria en la mano. Tres chulazos en “speedos”, uno por cada rey mago, me piden que les haga una foto divertida junto a sus esculturas, todas de tamaño natural. El más alto, con pinta de hetero, me guiña un ojo. Jesús, María y José observan semejante cuadro desde el pesebre, rodeados de bañistas curiosos. Algunos metros detrás de los camellos, una pareja de surferos (tipo “cáete pa’trás”) se quita el traje de neopreno. En ese momento empecé a comprender el concepto de “navidad” en las playas canarias…

…que, como tantos otros, es muy diferente del nuestro.  Me llamo Miguel y soy de Salamanca. El viento y la nieve envuelven mi ciudad natal estos días. Además de pasar frío, en diciembre nos reencontramos con seres queridos, y les dedicamos más tiempo de ocio. Básicamente eso es la navidad para la mayoría: compartir. Sin embargo, invertimos la mayor parte de ese tiempo en comprar regalos, hacer colas, consumir… y siempre bajo techo en lugares masificados. Por ello también entiendo el deseo de muchos amigos: ¡que las navidades pasen pronto!

Aquella mañana del 16 de diciembre de 2000 viajaba en tren de Salamanca a Madrid. Tras unos cafés con amigos en Chueca (a tres grados bajo cero), tomé el primer vuelo de mi vida. Destino: Islas Canarias. No tenía una idea clara de lo que me iba a encontrar, salvo un tiempo más cálido y, sobre todo, las playas. Había visto en el Telediario a la gente bañándose en ellas en pleno invierno, pero pensaba que se trataría de “cuatro locos”, quizá de países nórdicos. En Europa y en navidades uno se abriga hasta las cejas, bebe anís y come mazapán, ¿o no?

Pues no siempre. Mi primer impacto fue en el paseo de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria. Acababa de llegar y ya me sobraba casi toda la ropa. Cientos de canarios y turistas disfrutaban de un paseo bajo el sol, y desde luego había muchos más que “cuatro locos” nadando en el mar. Algunas familias compraban en tiendas cercanas, pero sin más prisas que cualquier otro día del año. ¿Estrés? ¿Qué estrés? Más bien llamaron mi atención aquella dulzura y espontaneidad de los canarios conmigo por la calle, sobre la arena, en las terrazas… ¡Y qué terrazas! En el caso de la mía, tan moderna y tan “gay-friendly” (banderita incluida), no se servía anís y mazapán, sino piña colada y ensaladas con menta y lima. Tardé aproximadamente dos segundos en superar el “shock” y entrar en modo vacaciones. Recuerdo que pensé:  “Podría acostumbrarme a esto”.

Pagué una cuenta bastante razonable y, tras aquella experiencia surrealista en el “Belén de arena”, me dirigí a mi hotel en Maspalomas. Allí pasé dos semanas de playa, excursiones y juerga que darían para varios artículos en este blog… pero te las resumo:

Básicamente cambié las bolas de navidad por 500 tíos en bolas, tostándose en la playa gay más extensa de Europa. También me alojé en unos fabulosos bungalows solo para hombres (si esas paredes hablaran) y por las noches bailé como loco en el Yumbo: el centro de ocio LGTB más grande del mundo, con más de 200 locales. Si la fórmula de la navidad es básicamente “gente cercana + ocio + frío + regalos”, quizá en las Islas Canarias sea navidad todo el año. La gente es igual de cercana en diciembre que en cualquier otro mes. También disfruta de su ocio (y de la vida) al máximo, aunque rara vez en un centro comercial bajo techo… porque el frío, el consumismo y las prisas, en el fondo son bastante prescindibles, ¿no crees?

 

CONCLUSIÓN

No me malinterpretes: no tengo nada en contra de las tradiciones navideñas… Me encanta el turrón y los regalos, y adoro ver a mis sobrinos… pero ese año había sido duro. Realmente necesitaba un paréntesis, y dedicar mi tiempo a mí mismo y no a los demás. Si también ha sido tu caso este año, me entenderás perfectamente.

Otro de nuestros blogueros, castellano como yo, lo explicó muy bien en uno de mis artículos favoritos: en Canarias existe una vibración especial te conecta contigo mismo. No se puede medir, pero sí sentir. Es una mezcla de desinhibición, tolerancia, naturalidad, sensualidad… Es un “no-dar-explicaciones” a nadie, incluyendo ese familiar pesado preguntando cada Nochebuena cuándo me echaré novia. Es un “ser-yo-mismo”, algo que, en plenas navidades, donde todo parece tan pautado y convencional, resulta muy liberador. Si he despertado tu curiosidad, sigue los enlaces anteriores; te llevarán a experiencias personales de otros blogueros, similares a la mía, ¡e incluso más divertidas!

 

PD1. Si no puedes venir en navidad, hay otros momentos del año también estupendos para una visita.

PD2. ¿Recuerdas mi frase “podría acostumbrarme a esto” en Las Canteras? Y tanto que me acostumbré: ¡Terminé mudándome a las Islas Canarias!

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